Entradas de Eunice García

Eunice D. Garcia (Salamanca, gto 1988) es comunicóloga por el ITESO y escritora intermitente por compasión. Trabajó primorosamente como la especialista en comunicación de una empresa muy seria hasta que decidió renunciar para escribir y terminar con decoro su maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura. Ha publicado algunos textos de contenido miscelaneo en el periódico el Informador, la revista letrambulario y el periódico Mural (el de Grupo Reforma, no el de la escuela). Actualmente trabaja en ganar fama y fortuna escribiendo y vendiendo mazapanes.

Vinagre y canela

“Hoy será un buen día” dice el hombre al espejo. Se lava los dientes, se peina el bigote. Se persigna y aprovecha el movimiento para ponerse perfume. Frente, ombligo, hombro, hombro. “Hoy será un buen día” repite mientras prepara café. Le arranca un pedazo al picón que le vendió la muchacha morena de dientes amarillos. Media manzana, un sorbito de leche para mantener alejada a la gastritis. Se acuerda de su vasito de agua con vinagre y se lo toma de prisa.

“Hoy será un buen día” y sale a la calle, convencido de que el sol brilla para él, de la misericordia de Dios y de lo bueno que le ha salido la canela para bajarle el azúcar. Saluda a los vecinos, le sonríe a los perros, cruza la calle por la esquina. Se le corta la frase y una moto le corta el paso. “caite con lo que traes, cabrón” Se le agacha la sonrisa. Se le sube la presión “no te hagas pendejo, el reloj” se le va la quincena, se le va lo del gasto, lo de las medicinas. Se cae. La muchacha morena de los dientes amarillos corre y detiene a una patrulla. El hombre se sienta, despacito. Se toca la frente, le tiemblan las manos. Hoy será un buen día, se acuerda, y aprovecha el momento para acariciar las nalgas de las muchachas que lo ayudan a parar.

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Es que la vida…

Te pasas las ganas de llorar con un buche de agua. Agua vieja y gratuita de filtro dudoso que te sirves cada dos días en el pasillo de la oficina.
Escribes sin ganas y con prisas con el teclado lleno de moronas. La c se atasca con una pasa añeja. Tu compañero se salva de recibir una palabra altisonante en el último correo.

Reloj pasivo agresivo y digital. Se arrastra, bosteza. Te palpita el acné adulto, ese que tuviste desde la niñez. A eso se dedica tu cuerpo: a alimentar un grano rojo en la barbilla. No hace la digestión, no duerme, no parpadea. Mejor acostumbrarse y hacerse a la idea que aquello no es un grano sino un vientre y se gesta un bebé. Rubio. Hijo del fulano que viste pasar el otro día y estaba guapo.

Música alterna en las orejas. Luz artificial acaricia tu rostro. Tres pantallas te llenan con sus rayos malévolos y cancerosos. What have I done? Canta el gringo anónimo en los audífonos.

Llega otro correo. Otro correo pendejo que se apila (virtualmente) sobre todos los otros correos pendejos que pendejamente te rehusas a contestar. Just throw it away!

Te empujas el aburrimiento y la tristeza de una vida adulta soporífera y fallida con el último trago de café descafeinado. Tienes días con insomnio. Tu compañero de cama ronca. Los animalejos brincan. La gordura te estorba. Quisieras ser una gallina para dormirte ahí, donde sea. Subirte a un árbol. Cagar desde las alturas.

Churip, churip. Mensaje instantáneo taladra las corneas. Se te cae el tímpano.  Esa rubia otra vez. Barbie guía en tiempos de abundancia. Tonta y redonda. La ignoras. Vuelve. La ignoras. Estas segura de que su marido la ignora también.

Se te cae el cabello sobre el escritorio. Piensas en hacerle una peluca a las cucarachas que seguramente viven por aquí. Imaginas que ellas sí tendrán una vida artística. Las envidias, las maldices y tiras a la basura tus pelos para que nadie haga bufandas.

Churip, churip. Otra vez la gorda. Están del mismo ancho, ella y tú. Es que la vida es así, compréndelo.

Guaraverinaisu

Resulta que la Green Card no sólo es verde, sino que es verde dólar. Hace unos días llegó la mía. La cargo a todos lados, por si acaso. No vaya a ser que me agarren descuidada, elote en mano, y me manden de regreso. Me vería entonces en la penosa necesidad de explicarle al oficial migratorio que no, que ya no soy de allá. Que yo ya lloro cuando escucho el cielito lindo y que ya respondo al nombre de “iunis”.  Tendría que explicarle también, que soy tan del “odersai” que ya hasta me gustan las películas mal actuadas de Eugenio Derbez,  (disfruté como nunca esa del Latin Lover, por ejemplo) y que le pongo salsita Tabasco a todo.

Claro, el oficial podrá decir que soy una ridícula, que apenas tengo dos años acá y que mi carita y estatura Otomí no se me quitan así nomás. (Nota al pie, me dijeron que yo no parecía mexicana, que podría pasar por Italiana. Yo solo pensé en el señor gordo de la pizzería Giuseppe, que según me cuentan ya se murió.) Entonces lo miraría de frente y le diría ‘Ay officerrr! Es que usted no entiende!’, a uno de verdad se le pega lo gabacho, se le pegan las silabas y se le olvida la lengua tiernita y materna. Se le suben los kilos a base de pan y papas y refresco jumbo, también.

Tendría que contarle de que la palabra “pocho” ya la llevo en una esquinita del ojo y que atesoro la palabra “Mexa”. No estaría de más describirle cómo me emociono cuando escucho a alguien hablar español (aunque seamos un titipuchal de hispanos) y que siempre ando buscando con quién platicar. Así fue como me hice amiga de Don Santos, el señor de mi tamaño que limpiaba alegremente la oficina. Lo vi moreno y le hablé en español (Bias, que le dicen acá)  y sí era paisano. Salvadoreño. Bien buena gente.

En el trabajo, el día se me va en inglés.  A veces en spanglish. A veces en mute. Se me llenan las páginas de acrónimos, los correos de abreviaturas y errores de dedo.

Mi papá solía contar un chiste de un hombre que mandó a su hijo a estudiar al extranjero. El tal hijo le escribe una carta diciendo que se le está olvidando su idioma y que todavía no aprende el idioma del lugar. El papá inmediatamente le manda dinero para un boleto de avión y le pide que regrese antes de que se quede mudo. Y de verdad uno se va queda mudo. Las onomatopeyas naturales pierden sentido, las expresiones, la risa. La boca propia se vuelve ajena.

Alguna vez leí que uno tiene personalidades diferentes en cada idioma. El vocabulario es distinto y a fuerza de querer comunicar algo, uno va encontrando atajos y nuevas formas de decirlo. Con tal de darse a entender uno se resume para que Don Gringo entienda a la primera. Yo, por ejemplo, me encuentro más simpática en español. En la traducción se me va la gracia. Repaso las conversaciones en casa y hasta entonces se me ocurre algo que decir. De nada sirve que ponga atención a las series americanas llenas de risas grabadas donde todos tienen el chiste pronto, la respuesta ingeniosa, la frase perfecta en la mera puntita de la lengua. Me censuro por miedo a decir una barbaridad espantosa. Otras veces digo las cosas en español, como tanteando el terreno, a ver si alguien me entiende. Y no.

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Hay días en los que despierto bien mexicana. Me entra un patriotismo espeso, pastoso, que se me aloja en el pecho y me llena de nostalgia. Uno de esos días, que me duró semanas, me dediqué a hacer primorosas catrinas de cartón. Terminé donándolas a una feria del día de muertos y hasta ofrecieron comprármelas. Busqué imágenes de trajes típicos para inspirarme, les hice sus trenzas, sus vestidos, sus pestañas. También hice una cheerleader y a una voluptuosa Jessica Rabbit. Aún en mis días mexicanos me inunda la ola americana. Como queso amarillo embarrado en una enchilada.

Blanco

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Vientre que te quiero virgen,
virgen blanco,
virgen puro.

Vientre hambriento,
(suspira, suspira)
aguarda, bosteza.

Vientre que te quiero casto,
que te quiero ajeno,
compartido,
regalado.

Virgen de calle
(puta fracaso)
vientre de claustro
(desperdicio, engaño)

Vientre hambriento,
que se sueña atiborrado,
vientre virgen,
que se sabe vano.

Huérfano,
libre,
soberano.

Vientre que te quiero ajeno

Vientre que se sabe ingenuo,
huye, se esconde, escapa.

Huérfano
libre
vedado.

Tarifa

campo

Será que la vida cada día es más puta
será que me falta algo de vida
que de pronto todo esta gris
y bostezo
y me rasco la cabeza
y te busco

Será que la puta vida no comparte
las ganancias conmigo,
que se esconde en la peluca los billetes
y en la tanga los amores

Será que me hace falta comprarme unos tacones
y pararme en esa esquina
o quizás en el farol
o en el toks
o en la puerta de mi casa

Una falda corta, un escote largo
algo de carne
¡paz!
una nalgada

Será que me hace falta ser más intensa
y llenarme de vida
y abrirme completita
como pollo destrozado
como pepa de chayote
como flor
como vaina de ejote
de un solo ta-jo

Afeitarme las piernas peludas de angustia
guardar el calzón empapado de miedos
soltar la trenza de la cordura
besar mi sexo
sexo anhelante
terso

Será que la vida no es puta
y que la vida es un chulo
y me regentea todos los días
a todas horas
sin descanso

Será que soy la puta más triste
y se me ha ido el tiempo
y se han caído los pechos
agotado el encanto
y nadie me compra por más de tres monedas

Será que la vida me puso en una esquina,
en la puerta de mi casa
en un toks
bajo un farol
Será que me dejó y olvidó ponerme tarifa
y me compran a dos
a tres,
me regala

Será que la vida me ha hecho su puta,
una más en su esquina,
será que ya no le importo
y bosteza
y se rasca la cabeza
y te busca

Reino

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Tal vez soy yo
la que se siente princesa
y pido corona
y miro mi reino,
(la zapatilla rota)

Tal vez soy yo
la que suspira bajito
y lee cuentos de hadas
mientras sueña contigo.

Tal vez soy yo
la que juega a ser niña
y me invento historias
que tú protagonizas.

Tal vez eres tú
el que se lleva al estanque
los besos
y pinta de gris
mi cara más rosa.

Tal vez seas tú
el que adelanta el reloj,
pone la rueca,
y corta para mí
la manzana más bella.

Tal vez seas tú
el que rompa mi libro,
el que se robe mi reino.

Tal vez seas tú
el que con un solo verso
mi cuento más tierno haga trizas.